jueves 25 de agosto de 2011

LA PARÁBOLA DEL MINERO POBRE EN EL LEJANO OESTE.

Es curioso como las historias que nos cuentan nos pueden enseñar una lección, hace unos días oí algo que me inspiró abrir esta nueva entrada en el blog, una de esas mariposas voladoras, aquí os traigo esta parábola contada a mi manera espero que os guste.

Resulta que en algún lugar por determinar y en un tiempo indeterminado, si quereis podeis ponerle cara y época, yo me lo imagino rubio de ojos verdes y con barba negra, se parece a alguien que conozco bien... está en el lejano oeste por eso de darle un punto exótico al relato, el caso es que este minero un día se levantó de la cama con la idea de comprar un trozo de tierra, se gastó todos los ahorros de su vida y vendió todo lo que tenía, obviamente en contra de todos sus vecinos y amigos que le aconsejaron lo contrario.

Como no tenía ninguna herramienta para excavar y él tenía claro que en su propiedad había oro se puso a cavar con las manos, al principio fue muy duro y no sacó nada, pero lo cierto es que siguió y siguió... a los dos días tuvo un golpe de suerte y se encontró una pepita de oro, sus ojos se llenaron de esperanza y de una alegría inmensa, estaba cansado y sediento, desde que compró la tierra solo se dedicaba a cavar y cavar...Además, le apetecía tomar un whisky, sus amigos le aconsejaron que fuera al pueblo y se diera un pequeño homenaje, pero después de pensarlo mucho no les hizo ni caso y a qué no sabeis qué hizo con el dinero... Efectivamente !!!, se compró una pala.

Con la pala pudo trabajar mucho mejor, dónde va a parar....!!!. Así que con una herramienta pudo buscar mucho más rápido el oro, así fue... a las pocas horas encontró dos nuevas piezas de oro, nuevamente pensó en irse de viaje al Caribe para disfrutar de sus nuevos ingresos a un lugar fantástico de esos que salen en las postales y volver a la mina al mes siguiente, pero... nuevamente reconsideró su estado y esta vez se compró un martillo neumático, era mejor que una pala y le permitiría trabajar mucho más cómodo, a los pocos días tuvo otro golpe de suerte con más pepitas  y compró una excavadora que le permitiría abrir un tunel.

Así siguió trabajando una temporada, ahora con la nueva maquinaria estaba más que encantado y los resultados salían a la luz, cosa que le animaba mucho para seguir trabajando, para buscar su gran tesoro.

Un día cuando nadie se lo esperaba encontró una veta de oro que era inmensa había una cantidad enorme, y en ese momento... ¿sabeis que hizo el minero? DISFRUTAR DE SU RECOMPENSA !!! En ese momento se dio cuenta de que  había alcanzado su objetivo así que se compró una casa grande, fue generoso con sus amigos y vecinos, construyó un hospital e hizo una ONG para que los niños del mundo pudieran ir a la escuela.

Lo que más me gusta de esta  historia es que a veces tenemos que mirar un poco más allá, el día  a día nos hace buscar resultados rápidos y a corto plazo, si tenemos un objetivo debemos perseguirlo y perseverar, el éxito solo se consigue si somos constantes en su búsqueda, los éxitos puntuales son esas señales que nos muestran el camino y nos animan a seguir, pero lo realmente importante es estar animado e ilusionado por buscar aquello que realmente queremos y disfrutar de la meta cuando lleguemos a ella, al igual que hizo este minero.

4 comentarios:

Anónimo dijo...

Yo voy a ser minera! ya lo verás! ;)

Francisco E. Haz dijo...

No lo dudo, mucho ánimo y adelante !!! ya verás como pronto encontrarás oro. ;-P

Jim Alegrías dijo...

Buena mariposa, Don Kico.

Francisco E. Haz dijo...

Gracias Jim, me alegro mucho que te haya gustado.