
Esta semana he seguido desde los medios de comunicación con gran interés la visita del presidende francés a Irlanda. Como todos sabemos Francia ostenta este segundo semestre de 2008 la presidencia de la Unión Europea, por lo que el mandatario galo ha aprovechado para comenzar su ronda de visitas como máximo lider de la Unión Europea por la República de Irlanda.
El pasado mes de junio se realizó en Irlanda un referendum sobre la ratificación del Tratado de Lisboa, este acuerdo que data de 2007 sustituye a la malograda Constitución Europea de 2004, rechazada por Holanda y Francia en sendos referendos, quedando derogada por no recibir apoyos suficientes para su implantación.
Con el No irlandés a Lisboa la presidencia de la UE ha intentado presionar a este país para que se produzca otro referendo o que esta votación tenga solo carater consultivo, eso es lo que se proponía Nicolas Sarkozy que en un intento de cambio de rumbo ha viajado a la República de Irlanda con el fin de que este miembro de la Unión Europea ratificara el tratado. No sé si será por ingenuidad o exceso de triunfalismo, pero el presidente francés ha visto truncada su incursión encontrándose en su visita muestras de democracia, ya que los irlandeses han salido a la calle para ratificar su decisión.
El pricipio básico de la DEMOCRACIA, con mayúsculas, es aquel que dice que el pueblo está legitimado para poder tomar sus propias decisiones a través de sufragios, siempre dentro de la legalidad, cosa que desde hace algún tiempo se les ha olvidado a los dirigentes de la Unión Europea. Se me plantea la duda de si esto se produce por un total aislamiento de la realidad o por un malicioso hábito en la práctica de un nuevo despotismo ilustrado que podría resumirse como "Todo para el pueblo, pero con el pueblo siempre que me dé la razón".
Un ex-presidente del Gobierno decía que los referendos los carga el diablo, habría que preguntarse si esa es la manera de pensar en el caso de los dirigentes Unión Europea, y si dicha manera responde a la realidad. Siempre se ha comentado que las Instituciones Europeas no calan, que las elecciones al parlamento de la unión son las de más baja participación, que nadie sabe lo que ocurre en los órganos de decisión común y que la capacidad para influir en decisiones o para contactar con algún representante son tan difíciles como ir en bicicleta a Marte.
El paradógico discurso el que viene de las instituciones de la Unión Europea insiste en una Unión sólida para un futuro de progreso, eslóganes como "La Europa de los ciudadanos", "Una Europa para Todos", no son reflejo de lo que realmente pasa a nivel sociológico, ya que cada vez las instituciones se alejan de los ciudadanos y una Institución que siempre estuvo lejos, como esta, no tiene trazas de converger en ningún momento con la realidad social europea, de ahí que se aprueben medidas como la de las 65 horas, a todas luces un retroceso a los principios de la Era Industrial, esta es la gran contradicción de la Unión Europea, por una parte se dice garante de derechos y por otra los recorta.
Podría parecer que este artículo es euroescéptico, pero nada más lejos de la realidad, el fundamento principal de la UE debe de ser ante todo el respeto a las decisiones democráticas de todos los ciudadanos, no el tratar de incidir ignorándolas o minuvalorándolas.
http://es.wikipedia.org/wiki/Tratado_de_Lisboa_de_2007